El patio tiene cuarenta y cinco metros de largo por veintidós de ancho, sesenta y nueve por treinta y tres pasos. Pasos de  Ojitos, pasos irregulares que una vez traspasada la mitad del recorrido ya empiezan a acomodar su alcance para que el muro de hormigón armado se ajuste al milímetro a la suela de las deportivas en su último avance, el sesenta y nueve o el treinta y tres. Es tarea complicada, porque el espacio da para unos cómodos setenta y dos pasos, pero Ojitos sabe que el sesenta y nueve es un número que no se le olvidará y siempre ha sido muy maniático a la hora de memorizar distancias. Treinta y tres también es fácil de retener, no por ser la edad de Cristo, que allá películas con las religiones, sino la suya. Alguna vez ha intentado la medición en diagonal, pero jamás ha conseguido el  mismo número de pasos. Sin referencias es casi imposible trazar una diagonal decente, y el patio del módulo dos carece de ellas. Porque las herrumbrosas canastas de baloncesto no pueden ser consideradas como tales al estar en uno de los extremos del patio. Si Ojitos no hubiera dejado de ir a la escuela en segundo de EGB sabría por el teorema de Pitágoras que la diagonal del patio mide casi cincuenta y un metros, unos setenta y cinco pasos, número que también le resultaría asequible a su retentiva porque tal fue la cantidad de años que sumó su primera condena. De eso hace ya una década, tiempo suficiente para haber acumulado otras doce causas más (todas ellas por delitos dentro del talego).

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Con Módulo Dos Miguel Ángel Carcelén obtuvo el Premio de novela Subur Negre 2025, fallado en Sitges en noviembre pasado. El jurado destacó lo siguiente:

Tras los muros del Módulo Dos no hay espacio para la disidencia. En un microcosmos dominado por leyes no escritas y códigos de silencio  tan rígidos como los barrotes, sobrevivir implica mimetizarse con el cemento. Pero cuando un  crimen sacude los cimientos de la prisión, las frágiles alianzas de los internos y los secretos más oscuros de la institución quedan completamente al descubierto.

Escrita con el pulso asfixiante de la mejor novela negra y la precisión técnica que solo un funcionario de prisiones con más de veinticinco años de servicio puede ofrecer, Miguel Ángel Carcelén nos sumerge en un thriller carcelario implacable. Módulo Dos no es solo la crónica de una investigación contrarreloj; es una radiografía humana y brutal sobre la vulnerabilidad, las mafias en la sombra y el precio de la diferencia en el lugar más hostil de la sociedad.

Un retrato desgarrador y adictivo donde la línea entre el orden y el caos es tan delgada como el filo de un pincho afilado en la penumbra.

«Una lección de realismo y suspense escrita desde el mismísimo corazón del abismo».